Postales rocosas desde El Algarve

Hace unos días visité Lagos, en El Algarve. Además de por sus playas y acantilados, la región destaca por la tranquilidad y la bonhomía de su gente. Una suerte de saudade del sur que recomiendo a todo el mundo.

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¿A qué aspiramos al partir de vacaciones? Muchas veces ni lo planteamos. De ahí tanta frustración. Cuando llamamos amor al sexo o periodismo a la publicidad, cuando queremos descansar en la discoteca o comer bien, rápido y barato a la vez, lo normal es acabar insatisfecho.

Del mismo modo, viajar a Lagos en busca de emociones fuertes es pura contradicción. Pero para descansar el cuerpo y formatear la mente, la ciudad lusa cumple con creces.

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La fiebre del ladrillo apenas causó estragos en la zona. Allá, taludes y cuevas se integran entre sombrillas, toallas o castillos de arena. La marea, por su parte, sube y baja a su antojo, sin muros que la detengan. Y la calma marina tampoco se ve alterada por lanchas ni piraguas.

En El Algarve, el equilibrio sí es posible. Y espero que por mucho tiempo.

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Adoro la playa, el sol y los chiringuitos. También el silencio, los libros y la conversación pausada a la hora del café. Pienso que los contrastes, aparte de bellos, son siempre enriquecedores. Quizás la imagen que mejor los represente sea la de una cueva: luz y sombra, roca y arena, naturaleza salvaje y turistas.

Es difícil de creer, pero a veces parece que el paisaje modula el carácter de los lugareños. En Lagos tuve esa impresión.

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Portugal me parece un país consciente y a la vez orgulloso de su imperfección. Por eso me gusta. También por sus manjares: pescado, arroz, carnes a la brasa, café aromático. O por un dominio de las lenguas extranjeras, un civismo y un sentido de lo público por parte de sus habitantes que nos resulta extraño a los del resto de la Península.

A veces, los medianos han de mirar a los pequeños para llegar a ser grandes. Este viaje me lo ha vuelto a demostrar. Estoy convencido de que los de la piel de toro podemos aprender mucho en el puerto del gallo. Por suerte, nos queda a tiro de piedra. Creo que volveré más pronto que tarde.

Até a próxima. 

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