Lo que queda de la Feria del Libro

No sé muy bien por qué, pero me encanta la Feria del Libro. Tal vez se deba a que la efeméride apenas suscita polémica. Cervantes y Shakespeare nunca molestan: son admirados o ignorados. Y en Linares honramos la memoria de ambos mientras celebramos la existencia del guardián de la palabra escrita, ese mismo al que algunos quieren enterrar proclamando las virtudes de la tecnología.

Mi ciudad no es Barcelona en Sant Jordi, pero tampoco uno de los tantos páramos rurales sin acceso a la Cultura en los que impera la superstición. Y doy gracias por ello.

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El Paseo de Linarejos durante la Feria del Libro de Linares.

Cada año, a mediados de abril, el Paseo de Linarejos es ocupado por distintas casetas de madera y alguna que otra carpa de plástico. En las primeras venden libros casi siempre descatalogados y polvorientos; las segundas suelen acoger a cuentacuentos, obras de teatro o conferencias. Recuerdo, cuando era pequeño, cómo disfrutaba con aquellos trovadores contemporáneos, relatores de historias que durante el año ejercían en la Biblioteca Municipal y justo cuando llegaba la Feria del Libro nos hacían salir a la calle. Por suerte, en Linares abril nunca fue sinónimo de aguas mil.

La Feria del Libro nos ha hecho mejores. A mí y a todos los niños que crecieron sin dejar de leer. Mi único lamento se debe a que desde aquellos días en los que nos dejábamos la paga en las Pesadillas de R.L Stine o en los tebeos de El Botones Sacarino hasta hoy, la Feria haya ido hacia atrás. Creo que su catálogo es más reducido cada año: clásicos universales de la Literatura y del Pensamiento, novelas infantiles y juveniles, best-sellers pasados de moda y multitud de libros esotéricos mal editados. Y no parece que vaya a ampliarse en las ediciones venideras.

Quizás la oferta se vea limitada debido a que la demanda no crece. Mas pienso que esa no es la única razón del estancamiento de la Feria. Pues existe, y no solo en Linares, demasiada indiferencia hacia el funcionamiento de la industria y el mercado cultural.

Actuamos, aun sabiendo que no es cierto, como si los artistas tuvieran sueldo fijo y la venta de obras no guardara ninguna relación con sus ingresos. Nos cuesta demasiado comprar un libro, coaccionados por el ‘elevado’ precio final del producto. A menudo olvidamos que, en el sistema actual, lo que no se consume desaparece. Y lo que desaparece acaba desterrando consigo a su creador. La verdad es que no tenemos derecho a lamentar la maltrecha salud de la Cultura si no participamos activamente en su curación.

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Caseta de la Feria del Libro. Imagen: Centro de Estudios Linarenses (CEL)

No solo se trata de comprar más libros. El verbo consumir quizás sea el más intrascendente de nuestra lengua; personalmente no me gusta nada. Por eso mismo, creo que el primer objetivo es extender los hábitos de lectura en toda la ciudad. Una misión que ha pasar por las familias y las escuelas antes que por el Ayuntamiento. Pues solo cuando en Entre Libros o Kavka estén hartos de emplear la muletilla “no lo tengo, pero te lo puedo pedir”, los estudiantes de Bachillerato y la EPSL exijan bibliotecas en cada distrito de la ciudad y un horario de apertura más amplio de la Casa de la Cultura y desde la sociedad civil se organicen tantas tertulias y presentaciones literarias que tengamos que decidir a cuál asistir, entonces sí les tocará a otros mover ficha.

Sé que no es tan sencillo. Las infames condiciones laborales de no pocos linarenses o la imperiosa necesidad de de encontrar trabajo de otros tantos hacen que eso que llamamos “tiempo para leer” sea cada vez más reducido. Amazon y su servicio de venta en línea también han hecho mucho daño al concepto tradicional de librería (y a sus trabajadores, no nos olvidemos). Tampoco podemos eludir la responsabilidad de un sistema educativo que considera la creatividad y la iniciativa propia perjudiciales para el alumnado y en el que leer apenas repercute en las calificaciones finales.

Pese a todo, soy optimista. Andrés Ortiz Tafur y sus Tipos duros, el Plomo en las alas de Telésfora Ruiz, La escriba de Antonio Garrido, la impecable trayectoria de Fanny Rubio o la de los preparados aunque sobradamente jóvenes Verónica Cervilla y Emilio Prieto, entre otros tantos y tan prometedores autores, confirman que el fuego de la literatura arde con fuerza en nuestra ciudad. Intentemos, entre todos, mantener viva la llama una generación más. Leamos y dejemos leer. Solo así, quizás dentro de unos años, veamos en la Feria del Libro una caseta dedicada en exclusiva a los escritores de Linares. Y puestos a soñar, ojalá sea la que más venda.

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2 comentarios sobre “Lo que queda de la Feria del Libro

  1. Hola! Cuando vi este año las casetas de la feria del libro en el paseo coincidiendo con la Semana Santa pensé que iba a ser un fracaso. Aunque he visto que este año lo han alargado más tiempo. Pero de todas formas los últimos tres años que he ido no había ningún título de los que buscaba y me han mandado a la librería. Los títulos de los libros que hay en las casetas fijas son muy muy antiguos y las casetas que tienen cosas más actuales no abren siempre o los precios son desorbitados.

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