Fragmentos de ‘Una cuestión de Fe’ (Enric González)

“El descenso de 1989 provocó la dimisión del presidente, Antonio Baró. Eso, a su vez, generó una situación grotesca. Según los estatutos del club, Baró debía ser reemplazado por su vicepresidente, y si éste se negaba por el siguiente en jerarquía dentro de la directiva. Nadie mostró interés en hacerse con el mando. Eso obligó a seguir buscando en los estatutos, que establecían para esa situación tan atípica la creación de una comisión gestora, encabezada por el presidente de la Federación Catalana de Fútbol. Resultó que en esos momentos la Federación estaba a la espera de elecciones y carecía de presidente, por lo que la gestora debía quedar en manos del vicepresidente federativo. Que no era otro que Joan Gaspart, vicepresidente del Barcelona. Solo le faltaba ese sarcasmo a un club hundido en la miseria”.

“Los desastres no son inevitables. No cuesta nada concebir un universo paralelo en el que Adolf Hitler se dedica a pintar acuarelas, Josif Stalin se queda en el seminario y Javier Clemente va a Leverkusen, en los suburbios de Colonia, a jugar al fútbol. En ese universo, libre de Auschwitz y del gulag, Valverde marca un gol en Leverkusen, el Espanyol levanta su primer trofeo continental y el mundo es más feliz.”

“En mi opinión, a los madridistas, barcelonistas y otros seguidores habituales a los éxitos les pasa un poco eso. No han tenido tiempo de forjarse una fe a prueba de cualquier fiasco. ¿Pierden una final? No pasa nada, ya han ganado finales antes y dan por supuesto que las ganarán después, más pronto o más tarde. Pueden sentirse tristes, pero jamás han experimentado el auténtico vacío existencial de quienes sospechan, con bastante fundamento, que su dios se ha largado para siempre”.

“El 27 de Mayo de 2000 estuve en Mestalla y, por primera vez en mi vida, con 41 años, vi al Espanyol ganar un trofeo. La Copa. Al salir del estadio, camino de la estación, no sabía cómo comportarme. Unos tipos del Atlético de Madrid, los derrotados, se dirigieron a nosotros, un grupito de vencedores. ¡Pero celebradlo, coño! He pensado en ello desde entonces”.

“La identidad del Espanyol se ha construido desde la minoría, con derrotas muy dolorosas, una época de exilio y una constante necesidad de resistir. La identidad del Espanyol es la fe. Eso es lo que intenta reflejar un lema un tanto melifluo: la força d’un sentiment. “

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Cuando era pequeño pensaba que el mundo era la federación global en la que se convertirá el día de mañana. Por eso me gustaba el Espanyol, supuesto representante de mi país en la imaginaria liga de fútbol universal, tal y como indicaba su nombre (una lógica muy fiel al origen del club, por cierto). Además, en mi casa había periquitos. Anodinos y respetuosos, estaban provistos del encanto de quienes viven y dejan vivir, común en la mayoría de aficionados y jugadores de este equipo.

El periodista referente Enric González nos ofrece en Una cuestión de fe la crónica sentimental del porqué de sus colores. La publica Libros del KO, una editorial que se acabará volviendo de culto, al igual que su colección Hooligans Ilustrados. Imprescindible para todos los derrotados, que no derrotistas, sean o no futboleros. Que disfrutéis de su lectura.

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