Pinceladas de ‘La agonía de Francia’

Noviembre de 1936. Tras abandonar una España en proceso de autodestrucción, el periodista Manuel Chaves Nogales decide instalarse en París junto a su familia. Cuán ingrata fue su sorpresa al descubrir que el ilustrado país de los Derechos del Hombre había cedido ante la barbarie nazi, como bien recoge en La agonía de Francia (editorial Libros del Asteroide).

Chaves Nogales recaerá finalmente en Reino Unido, donde ni siquiera pudo observar el desenlace de la Segunda Guerra Mundial al fallecer un año antes de su desenlace. Sus pinceladas periodísticas, sin embargo, han envejecido de manera óptima. Y el hecho de que más de una sentencia se mantenga vigente en pleno siglo XXI (ante amenazas distintas, pero idénticas) eriza el vello. A mí, por lo menos. Comparto a continuación unas cuantas del libro antes citado. Disfrutadlas. Y sobre todo, no las olvidéis.

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Manuel Chaves Nogales, en el centro.

 

“La revelación más sorprendente y espantable del derrumbamiento de Francia ha sido esta de la indiferencia inhumana de las masas. Las ciudades no han tenido en ninguna otra época de la historia una expresión tan ferozmente egoísta, tan limitada a la satisfacción inmediata y estricta de los apetitos y las necesidades de cada cual.”

“Creíamos, o queríamos creer, que el progreso material, engendrado por el progreso del espíritu, seguiría siendo fiel a éste. No aceptábamos la posibilidad de que la máquina nos abandonase o nos hiciese traición.”

“Cuenta Máximo Gorki que hubo un periodo en el que el solo nombre de Lenin despertaba en los más remotos países de la Tierra tan magníficas sugestiones de redención que, cruzando millones de kilómetros, llegaban constantemente en peregrinación a la Plaza Roja de Moscú, gentes sencillas y emocionadas que hablaban todas las lenguas y tenían del comunismo las ideas más arbitrarias pero que comulgaban unánimes en un ideal de liberación no por inefable menos fuerte. Ese ideal había cristalizado en el culto a aquella momia maquillada ante la cual, en señal de devoción, el que no sabía hacer otra cosa se santiguaba.”

“Yo he visto y he sentido hondamente la amarga decepción de esos cientos de miles de hombres que, perdida su patria por la expansión triunfante de la barbarie totalitaria, llegaban a Francia creyendo encontrar en ella el baluarte de la democracia y la civilización y se encontraban con un nazismo vergonzante, larvado, con el cadáver maquillado de una República Democrática en cuyas entrañas podridas germinaría la gusanera del totalitarismo.”

“En Francia, país de asilo, convertido ahora en una inmensa cárcel, quedaban tras las alambradas de espino muchos miles de españoles que habían tenido fe en ella. El viejo y acedrado amor que profesábamos a Francia no podrá en mucho tiempo vencer el dolor de la traición que se ha hecho a sí misma y al mundo que creía en ella. […] Era la segunda patria que perdíamos. Pero la catástrofe de Francia, como la de España, no era la derrota definitiva. Era sólo una nueva etapa dolorosa de una lucha que no tiene patrias ni fronteras porque no es sino la lucha de la barbarie contra la civilización, de las fuerzas de la destrucción contra el espíritu constructivo y el instinto de conservación de la humanidad, de la mentira contra la verdad.”

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Las tropas de Hitler entrando en París, el 23 de junio de 1940.

“Triunfaba el sofisma alemán de la libertad en la disciplina, la igualdad en el servicio y la fraternidad en la jerarquía del ejército. Desde el momento en que había sido necesario este aparato ortopédico del militarismo para que la ciudadanía francesa se restaurase, Francia, la Francia liberal, democrática y antimilitarista, estaba moralmente vencida.”

“En realidad, los regímenes totalitarios no marcan una superioridad sobre las democracias más que cuando éstas se hallan interiormente podridas. Frente a una democracia que conserva sus virtudes cívicas la inferioridad y la impotencia de los regímenes totalitarios siguen siendo incuestionables.”

“Las dos grandes fuerzas de destrucción del mundo moderno, el comunismo y el fascismo, la nueva barbarie de nuestro tiempo, ha conseguido arrastrar consigo las eternas antinomias de tradición y revolución, pobreza y riqueza, nación y universalismo, habían librado en Francia una larga batalla no por incruenta menos funesta. Todo había sido arrasado a derecha y a izquierda. Quedaba únicamente lo que era indestructible, la norma, el espíritu, que si bien no impide a las naciones morir, es lo que las permite resucitar.”

“A medida que reflexionemos más honradamente en la catástrofe de Francia tendremos una convicción más firme en que no han sido las corruptelas de la democracia y el liberalismo sus causas auténticas y estaremos más convencidos de que a la derrota  física del país no hay que unir la derrota moral y el fracaso de cuanto representaba Francia ante el mundo como ciegamente han creído quienes esperan hoy que, negando la esencia misma de la nación, imitando servilmente al vencedor, sometiéndose no solo a su ley, sino a su espíritu, tienen algo que salvar.”

“La claudicación intelectual de Francia ante la barbarie hitleriana es desoladora. Si en algún momento hubiera podido flaquear nuestra fe en la causa de la civilización habría sido únicamente al ver a los intelectuales franceses renegar de sí mismos y de su tradición, negar su propia esencia y repetir con pavorosa inconsciencia los gritos de guerra del hitlerismo.”

“Un Estado puede derrumbarse, un país puede ser invadido sin que se produzca en las masas una reacción profunda, pero en cambio no es posible que el servicio municipal de limpieza deje de recoger las basuras durante 48 horas. Las masas modernas lo soportan todo menos la incomodidad material, física.”

“Francia sabe que hasta ahora no se ha descubierto ninguna forma de convivencia humana superior al diálogo, ni se ha encontrado un sistema de gobierno más perfecta que el de un asamblea deliberante, ni hay otro régimen de selección mejor que el de la libre concurrencia: es decir; la paz, la libertad, la democracia. En el mundo no hay más.”

 

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