El último mensaje de Jacques Hamel

La primavera ha sido más bien fría. Si nuestra moral atraviesa un bache, paciencia, el verano está a punto de llegar. Y también el periodo de vacaciones.

Las vacaciones son el momento ideal para distanciarse de nuestros quehaceres habituales. Pero no se trata de un simple paréntesis. Es un tiempo para el reposo, pero también de renovación, de reencuentros, de compartir, de ser amables.

Un tiempo de curación: algunos tomarán unos días para un retiro o una peregrinación. Otros volverán a leer el Evangelio, solos o en compañía, cual palabra que nos da la vida. Otros pueden curarse frente al gran libro de la Creación, admirando los paisajes tan diferentes y tan magníficos que nos acercan a Dios.

Un tiempo en el que podemos escuchar la llamada de Dios para ocuparnos de este mundo y hacer de éste, dondequiera que vivamos, un lugar más cálido, más humano y fraternal.

Un buen momento para reencontrarnos con la familia y los amigos. Un momento para sacar  tiempo y hacer algo juntos. Una época para ser considerados con los demás, sean quienes sean.

Un tiempo para compartir nuestra amistad y nuestra alegría. Para compartir nuestro buen ánimo con los niños y demostrarles la importancia que tienen en nuestra vida.  

Es también un buen momento para la oración y estar pendientes de lo que pasa en nuestro mundo. Para rezar por los que más lo necesitan, por la paz, por la convivencia. 

Todavía sigue siendo el año de la misericordia. Hagamos del nuestro un corazón atento a las cosas bellas, así como a todos aquellos que corren el peligro de sentirse un poco más solos.

Que las vacaciones nos permitan llenarnos de alegría, de amistad y de energía. Solo entonces podremos, mejor equipados, retomar nuestro camino todos juntos.

¡Felices vacaciones a todos!

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Esta fue la última carta parroquial que escribió el padre Jacques Hamel, con fecha del 6 de Junio de este año. Un mes después fue degollado por terroristas islamistas en la parroquia de Saint Étienne-du-Rouvray, Francia, durante el oficio de la eucaristía. Cuando se enteró de la noticia, Mohammed Karabila, presidente del Consejo Musulmán de la región, no podía creérselo. Acaban de matar a un hombre que consagró su vida a los demás, acertó a decir. Eran amigos.

El mundo de hoy no es un lugar seguro. Ni siquiera Occidente. Nuestras opulentas y distraídas sociedades tendrán que acostumbrarse, muy a su pesar, a convivir con el terrorismo. Pero para que éste no triunfe, no se me ocurre nada mejor que hacer caso al padre Hamel e intentar hacer de este mundo “un lugar más cálido, más humano, más fraternal”.

Malditos sean todos aquellos que imponen sus oscuros ideales derramando sangre inocente. Y muy larga a vida a los que, desde el ámbito que sea, les plantan cara. El mundo pertenecerá siempre a estos últimos.

 Que la tierra te sea leve, Jacques.

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