Desencanto académico

No me gusta estudiar. Me imagino que a casi nadie; cumplir cualquier obligación en detrimento de tu ocio nunca resulta placentero. En cambio, siempre me agradó aprender cosas nuevas. Plantearme interrogantes acerca de la realidad y hallar respuestas más o menos satisfactorias. Investigar. Por tanto, se suponía que mi perfil era el universitario. Que estaba destinado a estudiar una o varias carreras universitarias, y que la experiencia académica me iba a resultar estimulante y satisfactoria. Nada más lejos de la realidad.

El sistema educativo en España es un fracaso. Una eme. De memorístico, masificado o moribundo, por las tantísimas reformas (siempre improductivas) que ha padecido. Una eme de mierda. Vomitar datos inconexos que pronto olvidarás sobre un papel estandarizado que pronto se perderá. Y en la tan reciente campaña electoral ni siquiera ha sido un tema recurrente. Aunque poco importa, pues el enfoque siempre fue erróneo: no es cuestión de quitar o añadir asignaturas, ni de reestructurar horarios, ni de ampliar el número de plazas para los funcionarios. El mayor problema nunca fue ese, señorías, que no se quieren enterar.

JASiyii

Aún recuerdo cómo en mis días de Bachillerato y universidad debía de sacrificar tiempo de estudio para alimentar mi curiosidad y creatividad. Dicho de otra forma: más de una vez me encontré en la tesitura de elegir entre estudiar y formarme, entre aprobar y aprender, entre desarrollarme como alumno o como persona. Categorías complementarias que un sistema rígido, impersonal y homogeneizador (que no igualitario) ha convertido en antónimos, y en el que cualquier mediocre desapasionado pero lo suficientemente sumiso puede encontrar su sitio y prosperar.

Me pregunto desde cuándo las nociones de “esfuerzo”, “disciplina” o “sacrificio” se asociaron a  las de”autoridad”, “jerarquía” u “obediencia”. En qué momento se condenó la originalidad y al que piensa diferente. Si estos son males endémicos de mi país o hay desgraciados similares en otras partes del planeta, y también me compadezco de todos ellos en tal caso.

“Es que esto es lo que hay” dicen. “Las cosas no pueden ser de otra manera”, afirman. “Tienes razón, pero no manera de cambiarlo”, intentan convencernos, tras probar suerte consigo mismos. Pero no es cierto. Hay mil maneras de hacer las cosas. Tantas, como formas de doblar un papel, clavar una chincheta o barrer un suelo. Con los medios actuales, y sin invertir un céntimo más, la educación en España podría mejorar infinitamente. Y lo sé, porque he vivido experiencias que lo confirman. Por suerte, además del privilegio que supone haber estudiado un año en Francia, he encontrado docentes más que decentes, cual señor Keating en El club de los poetas muertos.

Cambiar el sistema educativo se revelaría bastante sencillo, pues casi nada de lo que importa es cuestión de meter dinero. No resultaría difícil reemplazar los exámenes memorísiticos por ensayos o disertaciones que, aparte de a memorizar datos y cifras, te obligasen a razonar. O emplear más clips de vídeo, audios y canciones para contextualizar la información (se supone que para eso existe internet). Tampoco sería complejo desarrollar dinámicas de grupo que además del temario, nos permitieran conocer un poco mejor al individuo que se sienta a nuestro lado. Pero dejemos de soñar, ninguna de ellas se implementará. Falta lo más importante: actitud e interés.

forges_20040929
Viñeta de Forges.

En el fondo, al poder le interesa mantenernos ignorantes. Ciudadanos (o súbditos) que no piensen ni se cuestionen nada, tampoco su rol en este juego. Y lo peor es que nosotros lo aceptamos; preferimos ser estúpidos libertos con coche, casa, contrato fijo y 15 días de vacaciones que saborear la libertad, cuya supuesta dulzura la ha convertido en un mito. Complicarse, para qué. Saber, para qué. Vivir, para qué. Mientras pueda consumir y pasármelo bien unas horas al día, aceptamos lo que venga, aunque no nos aporte nada.

Creo que no he planteado nada genuino. De hecho, hoy son varios son los intelectuales que, siguiendo la estela de Francisco Giner de los Ríos o Francisco Ferrer Guardia han demostrado su compromiso de mejorar la educación en España. Entre todos ellos destaca José Antonio Marina, autor de El libro blanco de la Profesión Docente, y su lucha por la autonomía de los centros educativos así como por estimular de la creatividad y la inteligencia emocional en las aulas. O el esfuerzo del otrora locutor del NO-DO, Ángel Lafuente, en potenciar la capacidad expresiva y el dominio de la palabra de los estudiantes. Tampoco es casualidad si no te suenan sus nombres y sí el de otros famosetes sin claro oficio y con mucho beneficio.

Bueno, ya he sido bastante improductivo por hoy. Debería estar  memorizando algo que no me vaya a aportar nada para obtener algún tipo de certificado que me permita ser alguien a ojos de los demás. Pero caray, qué pereza. Y sobre todo, cuánta desmotivación.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s