Don Quijote, super-anti-héroe

Soy un español raro. Primero, porque he leído el Quijote. Segundo, porque no me avergüenza admitir que para tal hazaña me serví de una adaptación. En concreto, la de Eduardo Alonso publicada en la editorial Vicens Vives, aunque me consta que hay otras muy recomendables, como las de Andrés Trapiello o Arturo Pérez-Reverte. Tercero -y más importante- porque la experiencia no resultó para nada traumática. Al contrario: pocas veces he disfrutado tanto con una lectura. Y creo que pocas veces volveré a toparme con una obra maestra de tan inmenso calibre, universal y atemporal, provista de una riqueza que trasciende de lo literario.

Recomendar hoy el Quijote supone poco menos que una obligación moral: no creo que haya una sola persona incapaz de disfrutar con la Novela por excelencia que, casualidad o no, fue escrita en castellano. Una lengua que compartimos más de 400 millones, entre los que se encuentran muchos y muy buenos lectores.

En el Reino de las Paradojas donde habito, quienes más daño han hecho a Don Quijote y a su autor fueron los que tuvieron asignada la noble misión de divulgar su obra. Críticos y pedagogos se empecinaron en convertirla en lectura obligatoria a una edad en la que nadie la entiende, tras haber sido despojada de todo contexto y pese a estar escrita en un idioma que ya no se habla.

También metieron la pata al atribuir falsa solemnidad a un libro transgresor, que ridiculizó a su época y a sus protagonistas. Y al transformar en académico rancio a un escritor marginado por su sangre judía, frustrado por sus fracasos en el Teatro y la Poesía, enamorado de la Libertad que tanto anheló en su etapa como soldado en Lepanto y Árgel, además de conocedor de la cárcel y de la excomunión.

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Retrato anónimo de Miguel de Carvantes, siglo XIX.

Don Quijote de la Mancha no fue más que una parodia de las novelas de caballerías en la que Miguel de Cervantes vertió sus críticas sobre un mundo imperfecto. Para ello se valió de todos los recursos literarios existentes en la época, relacionando diversas historias de todo género protagonizadas por personajes arquetípicamente complejos.

Años más tarde, ese rara avis que acababa de diseñar adoptó el nombre de ‘novela’. Autores tan distintos como los rusos Tolstoi o Dostoievski, los franceses Stendhal y Flaubert o los alemanes Nietzsche y Thomas Mann reconocieron el mérito del español y su deuda inmaterial con el carismático hidalgo de La Mancha.

El dualismo establecido entre Don Quijote y Sancho Panza es otro hito en la Historia de la Literatura. Dos personalidades tan dispares que se complementan gracias a las contradicciones intrínsecas de cada uno, además de por el sólido vínculo que se va forjando tras vivir aventuras cada vez más disparatadas.

El idealismo infinito y desinteresado de un hidalgo culto y elocuente, libertador de los desdichados pero incapaz de observar la realidad, contrasta con la sabiduría práctica de un labrador indolente y temeroso, que afirma ser cristiano viejo “porque no sabe leer”.

La interacción entre ambos da lugar a pláticas dignas de archivo, valga la siguiente como prueba:

– La comedia, Sancho, es un espejo que refleja muy al vivo las acciones de la vida humana, y los comediantes son la mejor comparación de lo que somos. Porque en el mundo cada uno hace su papel: uno es emperador, otro papa, otro rufián, otro soldado, otro mercader, y, al acabar la función, todos se desvisten y son iguales. Pues del mismo modo, al acabar la vida, la muerte nos quita a todos las ropas y todos quedamos iguales en la sepultura.
– Esa comparación la he oído yo mil veces, como la del juego del ajedrez, donde cada pieza tiene su oficio, pero al acabarse la partida se mezclan todas y se guardan en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.
– Cada día, Sancho, te haces menos simple y más discreto.
– Algo se me habrá pegado de su discreción, señor, porque la conversación de vuestra merced es como el estiércol que cae en la estéril tierra de mi seco ingenio, y como hace mucho que le sirvo, ya da frutos en el angostado entendimiento mío.
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Don Quijote, cabalgando junto a Sancho Panza. Ilustración de Gustave Doré.

La grandeza de Don Quijote de La Mancha se encuentra en su infinitud, como afirmaba en Ignacio Echevarría en EL CULTURAL. Tal y como sucede con otras obras de su coetáneo Shakespeare o las tragedias clásicas, cada relectura del libro nos aporta algo completamente distinto, permitiendo comprender un poco mejor al autor y su mundo. Y también el nuestro y a nosotros mismos.

Además, no creo que ningún otro libro se haya utilizado para defender a regímenes ideológicamente tan dispares (aunque bastante parecidos en la praxis) como el estalinismo y el franquismo. Una prueba más de su infinita riqueza.

Hay quien sostiene, amparándose en la naturaleza satírica de la obra, que Alonso Quijano fue el primer anti-héroe, al encarnar la antítesis de caballeros andantes como Amadís de Gaula o Tirante Blanco. Una opinión que no comparto del todo.

Creo más bien que el hidalgo manchego representó los ideales de justicia, honor y libertad propios de los superhéroes de las historietas de Marvel y DC, al anteponer las grandes causas universales a los propios deseos. Un afán redentor por otra parte compatible con sus anhelos desmedidos de fama y gloria.

Y si bien el Quijote incluye pasajes desternillantes, creo que pocos finales han resultado tan trágico, al mostrar a un hombre cuya vida se fue apagando poco a poco, tras darse cuenta que aquel universo al que había decidido redimir le había dado la espalda desde el primer momento. Y a quien ni las esperanzadoras palabras de su fiel escudero le permitieron recuperar la ilusión por vivir.

No obstante, puede que mi impresión cambie por completo cuando inicie mi próxima lectura de esta obra maestra, universal y atemporal, escrita originalmente en castellano. Me comprometo a hacerlo cuando disponga de algo más de tiempo.

También os animo, aprovechando que este año se conmemora el IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, a que disfrutéis por primera o enésima vez de las aventuras del noble e ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Seguramente, os esté esperando en la estantería más cercana.

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El superhéroe de Marvel Deadpool, caracterizado como Don Quijote.
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Un comentario sobre “Don Quijote, super-anti-héroe

  1. Creo que has dado en el clavo. El Quijote no es lectura obligatoria en las escuelas mexicanas, pero hay cierto aire de repeluz hacia la que es una de las grandes obras de la literatura y no me había quedado claro el motivo. Al menos ahora comprendo un poco mejor lo que sucede en España.
    Tendrá pocas semanas que terminé el libro y aunque no pude disfrutarlo plenamente (edición de aniversario) sí me ha dejado con entusiasmo para releerlo una y otra vez en cada edición que llegue a encontrarme.
    ¿Cuándo entenderán las escuelas que leer por obligación es un calvario?
    Saludos. 😊

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