España: el (re)cambio que viene

He de confesaros una cosa: todavía no tengo claro a quién voy a votar el próximo 20D. Pertenezco a un grupo muy común entre los españoles, algunos jóvenes y otros no tanto, que podríamos denominar la triple I: indecisos, indignados, implicados. Poco a poco, la triple I está ganando terreno a la triple A (asexuales, aconfesionales y apolíticos, o aquellos que nunca se mojan sobre nada). No obstante, pese a la agradable y adecuado que resulta que el pueblo tenga cada vez más conciencia de sí mismo, hay varias cosas que detesto de la coyuntura actual.

Podríamos simplificar todos los riesgos y amenazas en tres factores que se entrecruzan, a saber: la excesiva influencia de los medios de comunicación en la política (sobre todo de la televisión), las limitaciones y contradicciones del propio sistema y un preocupante déficit de cultura democrática, inevitable por otra parte. A partir de aquí podemos analizar buena parte de los problemas presentes y venideros de la sociedad española.

Partiendo de la masiva influencia de los medios de comunicación, observamos que los peores temores de Neil Postman se han cumplido: el mensaje se identifica cada vez más con el medio que lo difunde. El éxito en política pasa entonces por elaborar un eslogan pegadizo, fácil de pronunciar y de repetir. La telegenia ha pasado a ser un valor exigible a todo aspirante a cargo público, lo cual no es nada reprobable mientras siga prevaleciendo el contenido sobre la forma. Y justo ahí se localiza la primera grieta de esta gran maquinaria política, en su simbiosis con los medios de comunicación de masas. De hecho, en no pocas tertulias se entremezclan periodistas y políticos, intercambiando por momentos sus respectivos oficios.

Rivera, Sanchez e Iglesias, en un momento de EL País Debate. / ULY MARTIN via elpais.com
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saéz de Santamaría, divirtiéndose en El Hormiguero/ foto via antena3.com

Recuerdo también que no hace tanto, cuando el movimiento 15M seguía en la calle, cómo se ponía en tela de juicio la representatividad de nuestro sistema electoral parlamentario y la efectividad de la Ley D’Hont. Formaciones tales como Izquierda Unida, Unión Progreso y Democracia, Equo, CILUS o el ya disuelto Partido Andalucista se lamentaban de que sus votos valían menos en el conjunto del Estado, es decir, que necesitaban muchos más votos para obtener representación que otros partidos.

Incluso se abrió el debate de que, dado que en España existen órganos de representación autonómica y una segunda cámara (el Senado, todavía discutido), podría ser más conveniente adoptar un sistema totalmente proporcional a la población a la hora elegir los diputados para el Congreso. Resumiendo, un hombre, un voto; X miles de votos, X escaños, provengan de donde provengan. Ya no se oye nada al respecto.

De hecho, parece que los nuevos partidos emergentes (Podemos y Ciudadanos) se han acomodado a esta estructura, fortaleciéndose como instituciones, con cúpulas diferenciadas de las bases y unos cuantos arribistas en ciertos municipios, a quienes les da igual cambiarse de chaqueta mientras sigan cobrando del erario público.

No me gustan las conspiraciones, pero da la impresión de que los partidos ya consolidados (PP y PSOE) han dado la bienvenida a los nuevos y han aceptado su reducción en  la ración del pastel a repartir, como afirman que hicieron las Cortes franquistas y sus procuradores durante la Transición. Y es que como diría el incombustible Antonio García Trevijano, tal vez el pensador más infravalorado de la España contemporánea, “no es que haya corrupción en el sistema,  es que el sistema es pura corrupción”

El jurista y pensador Antonio García Treviajo/ Foto via diariorc.com

Si a todo esto le sumamos todas las lacras heredadas de la dictadura, como una escasa cultura democrática, una sociedad civil aún en construcción (con reducidas asociaciones y sindicatos casi todos dependientes de las subvenciones públicas), una malsana politización de todo discurso político y una chabacanería que nos lleva a confundir entre al Gobierno de turno con el partido que gobierna, nos damos de bruces con el panorama actual: vendedores de humo, hacedores de ruido y ríos de tinta vertidos a borbotones para no decir absolutamente nada.

España ya ha cambiado. El sistema bipartidista ha pasado a la Historia, mas lo que viene no tiene por qué ser mejor. Entre los nuevos partidos se escucha que Dinamarca es nuestro referente. Yo más bien tengo miedo que acabemos igual que la Italia de Berlusconi, frívola, banal, mediatizada hasta el extremo, con una aparente pluralidad pero sin fondo de armario. Y con una sociedad tanto o más hastiada que hace unos años.

De nosotros depende si queremos cambiar a mejor, lo cual implicará irremediablemente llevar a cabo ciertas reformas estructurales, o si nos basta con dar una capa de pintura a la fachada de este edificio en ruinas. En cualquier caso, si os habéis dedicado unos minutos a leer esto y habéis llegado a vuestras propias conclusiones, significa que merece la pena mantener cierta esperanza en el porvenir. Creo que ya no hay nada más que perder.

 

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6 comentarios sobre “España: el (re)cambio que viene

  1. Al Partido Popular le ha pasado con Ciudadanos lo mismo que a Estados Unidos con Al Qaeda y Daesh. Se les ha ido de las manos. Los poderes fácticos de España con el Partido Popular a la cabeza promovieron el ascenso de Ciudadanos para restar votos a Podemos (no hay más que ver la evolución anual de la gráfica de intención de voto) y ha terminado quitándole votos a Podemos… y también al Partido Popular. En cualquier caso se los va quitando sin querer hacer sangre, evitando morder la mano que les dio el biberón. De hecho en el debate “decisivo” de ayer 7D pudimos comprobar que fueron escasas las ocasiones en que Rivera atacó a Sáenz, y más que nada para que no se notara mucho.

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    1. El Partido Popular ya intentó promover a C’s hace unos años, lo reveló hace poco el diario El Plural : http://www.elplural.com/2015/12/05/uno-de-los-fundadores-de-intereconomia-rompe-su-silencio-y-desvela-el-oscuro-pacto-entre-albert-rivera-y-el-millonario-irlandes-que-financio-a-ciudadanos/
      Era la época de la coalición con Libertas y en los que Intereconomía y la COPE bombardeaban permanentemente al gobierno socialista, pero ante la creación de UPYD, tan españolista como el PP pero abiertamente progresista en determinados campos, los populares vieron que interesaba dividir el voto “moderado” o “indeciso”. Tampoco les salió bien, pero la amenaza resultó no ser tal.

      Por otro lado, creo que el hundimiento de partidos como IU, PA o el mismo UPYD se debe principalmente a errores propios. No obstante, hay algo que resulta evidente: ni los medios de comunicación públicos ni los privados les dieron nunca ninguna facilidad como a estos “partidos emergentes”. En fin…

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    1. El título del blog, La bitácora empolvada, es algo personal, más bien romántico (del desuso, los cuadernos de bitácoras se llenaron de polvo). Si te refieres al título de la entrada, “El (re)cambio que viene”, sí que me inspiré en uno de los eslóganes, pero el sentido del artículo, sobra decirlo, es algo más general, ya que la telecracia afecta por igual a los 4 partidos “dominantes”.

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