La causa perdida de Chaves Nogales

“Yo era eso que los sociólogos llaman un pequeñoburguésliberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. […] Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero, a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria”.

Con estas líneas tan explícitas comienza Manuel Chaves Nogales el prólogo de su novela A sangre y fuego, héroes, bestias y mártires de España. Periodista vocacional e intelectual comprometido con su tiempo, Chaves Nogales constituía una rareza dentro del lugar y del espacio que le tocó vivir: la España de principios del siglo XX.

Natural de Sevilla, se trasladó a Madrid una vez  empezó a despuntar en el ámbito periodístico, profesión que ejerció en la capital hasta que el gobierno republicano fue evacuado a Valencia, allá por el año 1937. A finales de ese año se trasladó a París, donde escribió A Sangre y fuego, libro de relatos sobre la Guerra Civil cuya redacción terminó antes de conocer el desenlace de la contienda y de que los nazis ocupasen Francia. Tras la llegada de los alemantes se instaló definitivamente a Londres, ciudad en la que murió a consecuencia de una peritonitis en 1944, con apenas 46 primaveras a sus espaldas.

Portada de “A sangre y fuego”. // Foto via casadelibro,com

Manuel Chaves Nogales fue condenado a dos de los mayores castigos posibles: al exilio mientras vivía y al olvido tras su muerte. ¿Su falta? plasmar por escrito la realidad, manifestando una independencia política y una honestidad intelectual sin precedentes que, como no podía ser de otra forma en la época de las ideologías y los estados totalitarios, le hicieron llevar una existencia solitaria, sin apoyos de ningún tipo ni nunca con más de lo necesario para subsistir.

Milicianos, militares más o menos comprometidos, un señorito andaluz, obreros con o sin sindicato, guerreros africanos en una tierra extraña o un funcionario que intenta salvar de la barbarie obras de arte son algunos de los protagonistas de la obra, integrada por nueve relatos independientes, todos ellos con la Guerra Civil Española como telón de fondo. Personajes con nombre propio en el libro, héroes y villanos anónimos en la época. Lo irrelevante de cada uno de ellos es el bando al que pertenecen; todos son seres humanos víctimas de a sus pasiones, dueños de la crueldad más despiadada en situaciones extremas, pero al mismo tiempo esclavos de sus circunstancias, también capaces de gestos insólitos que dan sentido a la palabra humanidad en tiempos de guerra.

Los nueve cuentos merecen la pena, mas personalmente me gustaría destacar el que abarca las páginas centrales, titulado El tesoro de Briesca. Tal vez porque su final, aun siendo igual de trágico, no es tan dramático, como bien sabrán todos los que lo han leído.

Para muchos la Historia es un compendio de fechas, cifras, datos y nombres propios interrelacionados que explican una época distinta a la actual. Algo que no sirve para nada. Es triste, pero lógico si atendemos al estilo en el que diversos manuales han sido escritos y en los que tantos profesores se han apoyado al dar sus clases. Otros, sin embargo, pensamos que la Historia son las personas que la protagonizan, las ideas y sentimientos que impulsan a actuar o el contexto que acompaña los hechos, todos ellos necesarios para entender un poco mejor el Presente. La lectura de A sangre y fuego reafirma desde luego esta última percepción.

Nos encontramos ante un libro recomendado para todos aquellos con vocación periodística, que les guste aprender y revivir la Historia y que aspiren a disfrutar de una mente libre de prejuicios. También va dirigido a todos los que disfruten con la buena Literatura, esa que produce una sensación placentera en el espíritu, te hace empatizar con los protagonistas y el autor y que en cierto modo, te  transforma por dentro. Siempre a mejor, claro.

El relato con el que el autor pone el punto final a su obra, Consejo obrero, concluye con una sentencia memorable, válida para la vida de su protagonista, del propio escritor y de otros tantos que vivieron en primera persona la Guerra Civil Española y que en ella perecieron, aparte de resumir el pesar de toda una generación de intelectuales, la llamada Tercera España, que se disolvió tras la contienda para nunca más volver:

“Y murió batiéndose heroicamente por una causa que no era la suya. Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese”.

En memoria de Manuel Chaves Nogales (1897-1944), referente del Periodismo, mártir de la crueldad y estupidez humanas, héroe anónimo.

Fotografía original de Manuel Chaves Nogales// Foto via indecolors.com
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