Voces anónimas: periodismo cinematográfico desde Uruguay

Tuve un profesor que sostenía que el gran problema de los directivos del mundo de la televisión no era otro que “confundir el concepto de calidad con el de cultura“, indisociando el uno del otro y quedándose bloqueados a la hora de apostar por nuevos programas.

La calidad no es patrimonio de ningún género, si bien existen algunos más propensos que otros a la calidad. Resumiendo, podemos producir un magnífico programa de cocina o de deportes y un truño sobre Literatura  o Cine. Pero no es lo probable.

En cualquier caso, cada vez tengo menos prejuicios al respecto. No hace mucho, en una de esas noches de no salir ni tampoco estudiar, Youtube me recomendó un vídeo de ovnis, el cual me llevó a otro y ese a otro, de manera que tras varios minutos perdiendo mi valioso tiempo me topé con uno que por fin merecía la pena. Se trataba de Voces anónimas, un espacio de terror, misterio y parapsicología desde Uruguay, conducido por Guillermo Lockhart y emitido en el Canal 12 de aquel país.

Voces anónimas combina con maestría recursos del Periodismo y del Cine,  mimando el llamado storytelling (esto es, la técnica narrativa). Tras la entradilla del presentador, cuya puesta en escena se alterna con planos cuidadosamente seleccionados, entra la cabecera del programa, donde vemos que los productores no han escatimado en gastos. A lo largo del programa, los testimonios, recogidos en entrevistas, son intercalados con la representación de la propia historia, encarnada por actores profesionales en un escenario recreado con fidelidad. La música y el atrezzo tampoco son casuales, y el guión, si bien está condicionado por la propia trama (siempre basada en hechos reales) consigue que te quedes hasta final para ver cómo acaba la historia, revelando poco a poco las pistas que hacen que todo cobre sentido.

Vayamos a los ejemplos. En este capítulo, titulado “Finta” por el nombre de la protagonista, el ex-guardameta paraguayo José Luis Chilavert narrra una experiencia sobrenatural que vivió con unos amigos. Sobrecoge bastante.

Sigamos. Sin duda alguna, si un capítulo me ha impactado hasta la fecha ha sido “Candle Cove”, título de un show de marionetas retransmitido en los años 70… y hasta aquí puedo escribir.  Juzguen ustedes después de verlo.

Y no podía terminar sin recomendar “Chau Mama” una historia real que tuvo lugar en Montevideo y que te pellizca lo de dentro mientras empatizas con los protagonistas, algunos ahí presentes.

Vale, no se trata de un programa riguroso, seguramente tiren de imaginación y fantasía de vez en cuando. Ni yo tampoco incluiría a la parapsicología dentro del Periodismo de Investigación. Pero como seres humanos que somos, necesitamos las buenas historias, así como alguien que nos las cuente, y desde el inicio de los tiempos hemos sentido fascinación por el misterio. Para entretenerse, incluso para aprender, a mí me vale.

Y aunque sea bastante romántico y tradicionalista en esto del Periodismo, no niego que Internet es una ventana abierta al resto del mundo, en este caso, a ese continente hermano del otro lado del charco al que tan poco caso hacemos en Europa.

Qué bueno sería  para los espectadores si los directivos de las cadenas televisivas dejaran de lado sus prejuicios y decidieran pasar o producir programas que vienen del extranjero. Y como concluiría el show Guillermo Lockhart: bastaría  con que hicieran caso a las voces anónimas.   

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