Pongamos que hablo de Madrid

El pasado fin de semana, también conocido como el “no puente” de Todos los Santos, tuve el privilegio de acudir al curso de formación para embajadores del Diálogo Estructurado, organizado por el Consejo de la Juventud de España en su sede central madrileña. Explicar el contenido del módulo llevaría varias entradas y aún así no despejaría todas las dudas. Me veo más capacitado para expresar lo que se siente al pasear entre las calles de la capital española, aunque tampoco sea fácil. Vamos al lío.

Madrid mola. Puedes hacer de todo siempre;  a la ciudad no se le pueden sacar demasiados defectos. Sí, en cambio, unos cuantos excesos: en las distancias, en la polución del aire, en los precios, y sobre todo, en la cantidad de gente circulando y en la longitud de las colas para entrar o salir de cualquier parte.  Aunque todo ese ajetreo insufrible para los autóctonos supone el mejor antídoto contra el tedio y la monotonía ligados a la vida provinciana.

CIMG3657

CIMG3659

CIMG3661

CIMG3662

CIMG3663

CIMG3664

CIMG3669

CIMG3672

CIMG3684

La sede del Consejo de la Juventud se ubica en la calle Montera, famosa por el oficio, antiguo y no regularizado, de algunas de sus damas. Nuestro hostal, cortesía de la organización, encontrábase en la Plaza del Carmen. Podría decir que anduve “encerrado” entre las paradas de metro de Gran Vía, Sol y Callao. Qué más se puede pedir, me dirán. Pues por ejemplo, vistas como las de la azotea donde tuvo lugar el curso, ideal para presenciar el atardecer de un sábado víspera de Todos los Santos.

CIMG3683

CIMG3685

CIMG3687

CIMG3691

Al caer la noche, Madrid despierta. El bullicio  tal vez que no se intensifique, pero desde luego se hace más patente. Circular a pie se hace tan complicado como hacerlo en coche; cualquier parón o despiste para comprobar una dirección incluye un riesgo de colisión.

Pero si algo bueno tiene tanto tráfico constante es la diversidad que integra. Si buscas una buena historia, estampa o fotografía, ésta es tu ciudad. Siempre que tengas la paciencia para sentarte y observar,  algo de lo que los lugareños andan muy escasos. Paradojas de la gran ciudad.

En Madrid no sobra nada ni nadie. O mejor dicho, caben todos y de todo. Quienes venimos de fuera importamos tanto como los que viven allí: casi nada. Lo cual no deja de ser una ventaja, ya que garantiza el cumplimiento de la vieja premisa democrática de nadie es más que nadie, casi desconocida en los pueblos de la España profunda y caciquil.

CIMG3678

CIMG3694

CIMG3697

CIMG3700

CIMG3705

CIMG3701

Si París bien vale una misa, Madrid merece otras tantas, o en su lugar un curso, congreso o cualquier evento que nos ocupe el fin de semana. Bien es cierto que de esa manera será imposible sacarle partido a nuestra visita. Y también,  que tendremos otra excusa para volver. Y el hacerlo siempre merecerá la pena, porque existen tantos madriles como el número de veces que hayas estado. Un privilegio del que muy pocas ciudades en el mundo pueden presumir.

Para terminar, no se me ocurre mejor manera que citar un par de estrofas de una canción que compuso mi paisano (y madrileño de adopción) Joaquín Sabina para homenajear a la ciudad y que años más tarde versionó dando caña el tristemente desaparecido Antonio Flores: 

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

[…]Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s