Entrerraíles (IX): noche blanca en Ljubliana

Eslovenia impresiona desde dentro y desde fuera. Se trata del más distinto de los países que componían la antigua Yugoslavia. También del más homogéneo. Solo pernoctamos una noche, concretamente en su capital (Ljubliana) tras perder un enlace a causa del retraso de nuestro primer tren. Una faena aparente, que con el tiempo se ha convertido en golpe de suerte al habernos permitido conocer de pasada una ciudad cautivadora.

Cuando llegamos ya era noche cerrada. A diferencia de la de Sarajevo, o incluso de la de Zagreb, la estación ferroviaria de la capital eslovena disponía de una extensión considerable y cumplía con los servicios que en el opulento mundo occidental se consideran mínimos (taquillas, bares, restaurantes, tiendas…) pero que no dejan de ser un lujo.

5471784

Las calles aledañas, que coincidían con el centro urbano, permanecían casi inhóspitas, pero despertaban la típica sensación de tranquilidad y seguridad urbana propia de los países desarrollados gracias a su arquitectura de edificios de mármol blanco y a la permanente iluminación de la vía pública.

Tras 10 minutos de caminata, llegamos a una plaza peatonal en la que unos músicos callejeros nos deleitaron con sus últimas piezas. Predominaba el sonido del violín, aunque la melodía no era particularmente triste. Nada lo era en aquella zona, a decir verdad; se nota que una hucha y un estómago lleno hacen más sencillo el ejercicio de sonreír. Porque resulta evidentemente que el nivel socioeconómico de Eslovenia está varios peldaños por encima de sus vecinos balcánicos, antaño compatriotas.

Un mandatario internacional, no recuerdo quién exactamente, declaró que la independencia de Eslovenia era posible dado que se trataba de una sociedad “racial y culturalmente homogénea”. Si bien solo se trataba de una observación, cometió la terrible  imprudencia de lanzar al aire unas palabras que fueron utilizadas por militares serbios y croatas para justificar la limpieza étnica en Bosnia. En cualquier caso, el irreflexivo político tenía razón: la única diversidad que observamos en Ljubliana se debe al turismo internacional, un sector que tampoco se halla demasiado masificado.

11954799_871999669542551_5477290510132485899_n

10354077_871999699542548_3631528235268894946_n 20150629_005338

Leí hace poco que la ciudad de Ljubliana se ha propuesto convertirse en capital verde europea en los próximos años. No me extraña en absoluto, pues parece una villa de los cuentos de Perrault o los hermanos Grimm, que mira más al  centro o incluso al eslavo-germánico norte que al  mediterráneo-balcánico sur de Europa.  Predominan los bares, comercios y franquicias de todo tipo; las zonas verdes, un río y varios puentes que lo atraviesan están integrados con armonía en el centro histórico y monumental, en el que en cada una de sus calles te encontrarás una bandera nacional y varias estatuas. No nos dio la impresión de que la vida nocturna fuera abundante, dado que solo nos cruzamos con un par de grupos de turistas anglosajones, y encontramos más movimiento al descender del vagón y desplazarnos dentro de la estación que una vez fuera en el exterior. Aunque siendo justos, hemos de decir que era noche de domingo y al día siguiente tocaba trabajar en todo el continente, también en Eslovenia.

20150629_005417

20150629_005506 20150629_005636 20150629_010036 20150629_010353    20150629_014657

Toda esa calma y paz que encontramos en la ciudad la perdimos al regresar a la estación. Primero, al intentar echar una cabezada en la sala de las taquillas, donde la corriente de aire era tan gélida que parecía proceder del mismísimo Polo Norte. Poco después, un conserje, parecido a Willy, el de los Simpson, nos indicó en esloveno (acompañado de aspavientos) que el edificio principal (la billetería) había abierto sus puertas. Posiblemente también nos echaba la bronca por algo en concreto, pero por fortuna éramos incapaces de entender nada más.

Dentro de la billetería, todas las tiendas estaban cerradas. Un grupo de jóvenes, todos en chándal oscuro y la mayoría con el cráneo rasurado, daban vueltas alrededor de un quiosco de golosinas, que parecían dispuestos a asaltar. Acción que nunca se produjo, pero que encrispaba el ambiente.  Finalmente, pedimos un café en la barra. El camarero hablaba inglés, no tuvimos problema alguno para comunicarnos. No obstante, no dejó de mirarnos mal mientras comentábamos, en nuestro español natal, la escena que protagonizaba el siniestro grupo juvenil que acababa de irse. Qué curiosos contrastes los que hemos descubierto este a lo largo de todo este viaje.

20150629_014459

Fue una pena pasar solo una noche en tierras eslovenas, las últimas que visitamos antes de regresar a Milán para tomar nuestro vuelo de regreso a España. También lo es que  sepamos tan poco de un país tan diferente a sus vecinos que ofrece algo tan poco convencional a quienes nos hemos acercado hasta allá. Tal vez sea mejor así, que Eslovenia siga al margen del turismo masivo impersonal cuales tierras vírgenes americanas o africanas en plena época de conquistadores, cuyas sorpresas quedaban reservadas para la gloria de estos últimos. Tal vez.

En cualquier caso, cometeré la imprudencia de animaros a visitar su capital, uno ha de compartir todo aquello que sabe que puede hacer bien a los demás. Creo que Ljubliana anda aún lejos de convertirse en Cancún. Por eso mismo, haré el esfuerzo de regresar para poder conocerla a la luz del día, para verla de manera distinta. Hasta la próxima, Eslovenia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s