Entrerraíles (VI): espíritu joven, espíritu albergue

La cuestión del alojamiento es fundamental a la hora de emprender un viaje. Gracias a las nuevas tecnologías y a los avances en las vías de comunicación el contacto entre personas resulta cada vez más sencillo. De manera que hospedarse gratis, ya sea en casa de amigos o familiares o de completos desconocidos (mediante plataformas como couchsurfing) se ha convertido en una posibilidad más. No obstante, en caso de no disponer de ella, siempre que viajéis con amigos os recomendaré la misma opción: echar mano a los albergues juveniles.

Este tipo de establecimientos se rige por una serie de normas universales no escritas, tales como la falta de intimidad, el buen rollo entre clientes y empleados, el multilingüismo de los huéspedes o la flexibilidad de los horarios, con entradas y salidas constantes. Resulta fácil conocer gente y abrirse a los demás, tanto como luego olvidarse de esas mismas personas a las que posiblemente no se vuelva a ver. En un albergue juvenil la dificultad es siempre la misma para todo: el cansancio acumulado tras varias jornadas de viaje, que volverá complicadas tareas relativamente rutinarias como encontrar el establecimiento, deshacer tu maleta, expresarte en inglés nivel medio o efectuar el pago de la habitación, normalmente a un precio ínfimo comparado con el de cualquier hotel o pensión.

Durante nuestro viaje Interraíl nos alojamos en tres albergues distintos. Nuestra llegada al primero, el Temza, de Zagreb, fue algo accidentada. Perdidos en la ciudad, intentamos orientarnos con un mapa desproporcionadamente grande en relación a nuestra talla. Un señor se ofreció para ayudarnos, y en inglés nos indicó la dirección del youth hostel, que casualmente él mismo dirigía.

Una vez dentro, el recepcionista, perplejo, se preguntaba por qué no figuraba nuestra reserva en su ordenador. Finalmente, resultó que nos habíamos equivocado de albergue. Es lo que tiene situar a varios en una misma manzana. Ya en el nuestro, ubicado en la primera planta en un edificio decimonónico, pudimos aterrizar y deshacer la maleta. Tan solo había 2 habitaciones con 4 literas cada una, varios enchufes y una mesa en medio. En el pasillo, la recepción, 2 cuartos de baño y una sala común, toda una lección de cómo aprovechar el escaso espacio disponible de manera funcional. En la nuestra, coincidimos con una pareja de inglesas, de aspecto alternativo ( o antisistema), que fueron muy amables con nosotros y nos ofrecían participar en sus planes,  con un canadiense que llevaba dos meses de viaje sin más compañía que el libro Into the Road, de Keruac, y una chica, de aspecto también anglosajón, que ataviada con la camiseta del Barça no hacía más que dormir y toser. Y menudos tosidos, que nada envidiaban a los ladridos de un San Bernardo, con todo mi respeto hacia la chica.

Para llegar al Balkan Han, en Sarajevo, echamos mano de un taxi ilegal, medio de transporte por excelencia en el paisaje bosnio. Nos pareció barato hasta que días después descubrimos que nos había cobrado el doble de lo habitual. El centro lo gestionaba Aunkas, un tipo corpulento y bonachón, cual hippie entrado en años, que hablaba inglés con acento británico.  Su distribución era algo más anárquica y las paredes muy coloridas, fiel reflejo de la personalidad del dueño. También disponía de cocina y un patio.  El personal del hotel organizaba con otros contactos actividades para sus clientes, como un tour guiado por las ruinas de la ciudad, en el que participamos. Aunque como bien os contaré más adelante, en ese país todo parece relativamente barato, pero absolutamente nada es gratis. Había huéspedes de todo el mundo, un italiano que adoraba las pirámides, un español viajero que conocía Asia como la palma de su mano y que ahora andaba recorriendo Europa Oriental, una pareja de suizas que aparentaban no más de 18 años y no se separaban ni para ir al baño o un inglés que escribía su tésis sobre la guerra de los Balcanes. Gente de paso, como nosotros.

Nuestro último albergue fue el Ostello Bello Grande milanés, ya en los días de ruta. Dimos tal rodeo que tardamos en llegar unos veinte minutos pese a encontrarse a solo a cinco a pie de la Stazione Centrale. Nos recibieron como a los jeques en su oasis, ofreciéndonos una bebida, hablándonos en nuestro idioma e indicándonos los principales atractivos de la ciudad de Milán. Había varias habitaciones repartidas en distintas plantas,  la nuestra solo con dos literas. Nuestros compañeros, eso sí, fueron  los más extraños de entre todos los que coincidimos durante el viaje.

Al caer la primera noche, un muchacho joven moreno consultaba su teléfono móvil. La habitación estaba en penumbra, y en la cama inferior de una de las dos literas descansaba, boca abajo, un cuerpo desnudo, muy menudo, moreno y con una melena rubia. Pensamos que se trataba de su novia. La mañana siguiente, descubrimos que no era sino su padre (WTF?), un señor con un aire surfista, físicamente en forma aunque arrugado por el sol, que debía tener como oficio el de escritor, puesto que mi amiga Claudia me confirmó que no paró de recitar un poema que acababa de escribir durante buena parte de la madrugada. En fin, cosas que pasan.

Tres albergues, todos fuentes de innumerables anécdotas. Y eso que no nos dio tiempo a preguntar a nuestros compañeros. El día que a alguien le de por recopilar testimonios podrá escribir varios libros con títulos tan sugerentes como “cuentos de albergues para quienes no tengan sueño” o “Confesiones de un viajero estacional”, seguramente repletos de innumerables anécdotas, personajes y capítulos dignos de una buena narración.

Por el momento, solo puedo animaros a viajar de verdad, alojándoos en albergues juveniles cuando no tengáis casa en vuestro próximo destino. Aunque solo sea para manteneros espiritualmente jóvenes. Además, vuestro bolsillo y sobre todo vuestra caprichosa memoria os lo agradecerán con el tiempo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s