Entrerraíles (V): Samobor: viaje a la Croacia real

Moverse por los Balcanes es tarea ardua. Con infraestructuras mejorables, un relieve accidentado y demasiadas fronteras en muy pocos kilómetros, resultan necesarios varios días para recorrer distancias medias. Por eso mismo no visitamos otras grandes ciudades de Croacia. Y por eso mismo el empleado de la taquilla nos recomendó Samobor, un pequeño pueblo del interior, para cumplir con nuestro propósito de ir a pasar un día por ahí sin hacer noche. Y acertó, por lo que aprovecho desde aquí para darle las gracias.

Samobor es un municipio de la Croacia profunda y verdadera.  Es famoso a nivel gastronómico por la Klotovina, un guiso de salchichas aliñadas, el cual no probamos. Sí, en cambio, el Kremsnite o Krempita, un dulce de crema pastelera montado entre hojaldre y cubierto de azúcar, increíblemente sabroso, sorprendentemente ligero.

Tuvimos suerte con el tiempo. El cielo azul tan límpido nos permitió disfrutar del paisaje. A diferencia de las de Zagreb, las casas de Samobor tienen una altura escasa, tejados muy empinados y colores más vivos. El pueblo está atravesado por un río, presidido por las ruinas de una fortaleza sobre una colina y rodeado de verde, una vegetación que recuerda a la del Norte de España.

Articulado en torno a una plaza central, repleta de terrazas de bares, tiendas de souvenirs y comestibles, daba la agradable impresión de estar inmersos en un perpetuo fin de semana. Nadie parecía aspirar a nada más (y a nada menos) que a desconectar dem mundanal ruido y de las preocupaciones rutinarias y cotidianas, ya fuera bebiendo limonada en una terraza, paseando por la orilla del río o subiendo el monte. La ventaja de un pueblo como aquel, es que daba tiempo de sobra a hacer todo eso en un mismo día.

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Cada vez, la gente piensa menos en la naturaleza. Pocos se preocupan por la explotación irresponsable del medio y del despilfarro de recursos, y las preguntas de qué mundo queremos dejar a nuestros hijos o con qué derecho nos cargamos la gran obra de la Creación suenan raro. Mejor vivir el aquí y el ahora, dice la tele. Por eso mismo, a la hora de hacer turismo, adoptamos por defecto una mentalidad urbanita.

Cuántos espacios naturales dejaremos de conocer tan solo por hallarse fuera de los circuitos turísticos habituales, pensaba mientras subíamos hacia aquellas ruinas. Y cuántos lugares en el mundo no veremos nunca porque no serán lo suficientemente rentables para explotarse ni nuestra curiosidad lo necesariamente elevada para ir un poco más allá. Por eso, de vez en cuando merece la pena saltarse el guión, como hicimos nosotros yendo a Samobor. Porque cada vez son más los jóvenes que hacen un iterraíl. Mas no creo que haya tantos que presuman de haber estado en contacto directo con la naturaleza durante el periodo que duró su viaje.

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 Croacia es pequeña, pero a pesar de que sus fronteras seguramente ni se inmuten, creo que es un país que va a crecer bastante, en el momento que las heridas de la guerra cicatricen. Es un zona heterogénea, bien situada y con una juventud cada vez más europeizada y abierta al mundo.

Solo espero que, el día que vuelva, la buena impresión que me causó este país-y su gente- no haga sino aumentar. Confiemos en ello.

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