Entrerraíles (III): navigliando por Milán

Navigli es el barrio bohemio de Milán. Ausente en no pocas guías turísticas, exento de los daños colaterales ligados al turismo analfabeto y de ocio y consumo, que diría Arturo Pérez-Reverte, solo hay dos formas de acceder a él. O bien perdiéndose por la ciudad y apareciendo allí, o bien de la mano de amigos autóctonos que conozcan las callejuelas y rincones del lugar, las cuales no son sino las auténticas y tal vez las únicas maneras de viajar de verdad. Sé que me entendéis.

Sus canales y suelo empedrado nos recuerdan a una suerte de Venecia sin góndolas, al menos en el trayecto a orillas del Naviglio Grande. De hecho, para acceder al corazón del barrio no hay una boca de metro como sucede la plaza del Duomo, así como en la mayoría de las atracciones turísticas de este mundo tan globalizado. Y es que si de verdad quieres disfrutar de los lugares que visitas, sin botas no hay paraíso.

CIMG2868

CIMG2864

CIMG2865

CIMG2867

CIMG2856

Los principales comercios en Navigli no son tiendas de souvenirs repletas de camisetas  o gorras estampadas con un I love Italy, o miniaturas del Coliseo o la torre de Pisa, a cuyos compradores no importará que se encuentren a cientos de kilómetros de ese lugar. En vez de eso, a Dios gracias, predominan las librerías, las galerías de arte, los bares y las típicas casas de comidas, que en toda Italia reciben el nombre de trattoria.

CIMG2869

CIMG2857

CIMG2859

CIMG2863

Según Erica, mi última profesora de la lengua de Dante, solo hay tres cosas que unifican al pueblo italiano, a saber la squadra azzura (sobrenombre de la selección de fútbol), la pizza y la pasta. Y éstas últimas, tal como sucede con el café y el helado, constituyen una degustación obligada en Italia, siempre y cuando sepas dónde meterte.

Si quieres acertar, priorizando la calidad frente a la calidad, personalmente recomiendo prescindir de los restaurantes donde leas Pizza & Pasta junto a cualquier anglicismo, y que apuestes por las clásicas trattorie, como por ejemplo Le due specialità, donde puedes degustar un menú del día, nada pesado, y  te atienden camareros veterenos uniformados con camisa blanca y pantalón largo negro. Ya empezaba a echarlos de menos. O la pizzeria I Capatosta, napolitana, donde podrás saciarte con más facilidad, siempre que dispongas de la suerte y/o de la paciencia para encontrar una mesa.

CIMG2870

CIMG2492

Aquí podríamos montar un estudio- bromeaba con mi amiga Claudia mientras paseábamos por las calles del barrio.

– Buena idea, pero ¿de qué?

– De lo que sea, ya se nos ocurrirá algo.

Mi respuesta no parecía satisfacerla, como era de esperar. La primera regla no escrita para dirigir un negocio es tener una idea muy definida en mente, lo que en mi caso supone casi una utopía. Mas si la vida me lo permitiera, no sería una mala idea malvivir como artista en Navigli, el Montparnasse milanés, ya sea juntando letras o garabatos, o bien con una cámara entre manos. Por fortuna, soñar siempre será gratis.

CIMG2489

CIMG2484

CIMG2486

De vuelta en la realidad, con el grato recuerdo de unos días en una bonita ciudad y en inmejorable compañía, solo puedo prometer-y prometo- que cuando vuelva a Milán me daré otro paseo por Navigli. Y desde aquí os animo a hacer lo mismo, a todos aquellos que lo tengáis pendiente en cuanto se os presente una posibilidad. No os arrepentiréis.

Grazie amici, grazie Milano. È stato bello. Arrivederla Italia. 

CIMG2478

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s