Fragmentos de La España revolucionaria (Carlos Marx)

“El 20 de julio de 1808, cuando José Bonaparte entraba en Madrid, 14.000 franceses a las órdenes de los generales Dupont y Vidal se vieron obligados por Castaños a deponer las armas Bailén; pocos días después, José tuvo que retirarse de Madrid a Burgos. Hubo otros dos acontecimientos que alentaron grandemente a los españoles: uno fue que el general Palafox hizo levantar a Lefebvre el sitio de Zaragoza, y el otro la llegada a La Coruña del Marqués de la Romana, compuesto de 7.000 hombres que, despecho de los franceses, habían embarcado en la isla de Funen para acudir en auxilio de su país. Después de la batalla de Bailén la revolución llegó a su apogeo, y el sector de la alta nobleza, que había aceptado la dinastía de los Bonaparte o se mantenía prudentemente a la expectativa, se decidió a adherirse  a la causa del pueblo; lo cual represento para esta causa una ventaja muy dudosa.”

“El ejército regular español, aunque derrotado en todas partes, se presentaba en cualquier sitio. Dispersado más de veinte veces, siempre aparecía dispuesto a hacer de nuevo frente al enemigo y a menudo aparecía con renovadas fuerzas después de una derrota. De nada valía derrotarle, porque, presto a la huida, sus bajas solían ser pocas, y, en cuanto a la pérdida de terreno, le tenía sin cuidado. Retirábase en desorden a las sierras, volvía a reunirse y reaparecía indefectiblemente cuando menos lo esperaban, robustecido con nuevos y en condiciones, si no de resistir a los ejércitos franceses, al menos de tenerlos en continuo movimiento y de obligarles a diseminar sus fuerzas. Más afortunados que los rusos, los españoles no tuvieron siquiera necesidad de morir para resucitar de entre los muertos.”

“Fernando VII, cuando restauró el poder absoluto en 1823 sí como en 1814, deshizo de un plumazo todo lo que había sido realizado en el interregno revolucionario. Los revolucionarios, por su parte, actuaron de la misma manera. {…} En España todos los partidos, con igual obstinación, arrancan de cuajo todas las páginas del libro de su historia nacional que no hayan escrito ellos mismos. De ahí estos cambios repentinos, estas monstruosas exacciones y estas interminables e ininterrumpidas contiendas. De ahí también, esa indeleble perseverancia que puede ser derrotada pero nunca desalentada ni disuadida.”

“Fernando VII, un cobarde despótico; un tigre con corazón de liebre; un hombre tan ávido de autoridad como incapaz de ejercerla; un príncipe que fingía tener poder absoluto para renunciar a él dejándolo en manos de sus lacayos; orgulloso, sin embargo, de una cosa: a saber, su perfecto dominio de la hipocresía.”

“Federico el Grande, conversando con su ministro de la Guerra, le preguntó que país europeo le parecía más difícil de arruinar. Al ver que el ministro titubeaba, respondió por él:  Ese país es España, puesto que el gobierno español hace ya muchos años que se empeña en arruinarlo y no lo puede conseguir.”

foto via casadelLibro.com


 

Entre las múltiples facetas de Carlos Marx (1818-1883) se encontraba la no tan conocida de periodista corresponsal. La editorial Alianza ha recopilado una serie de artículos que escribió en 1854 para el periódico New York Daily Tribune. En ellos, además de una prosa ágil y un profundo conocimiento de la Historia de España, el pensador alemán demuestra una sincera solidaridad y simpatía con el pueblo español, cuyas desgracias parecen eternas. Ay, qué bien nos iría a todos si, marxistas o no, frecuentásemos más a menudo obras de este tipo.

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