Crónicas del Gachi (II): el inexistente embarcadero de Giribaile

Ubicado en la minúscula aldea de Guadalén (tanto que no tiene ni Ayuntamiento), el pantano de Giribaile debe su nombre a una fortaleza musulmana construida allá por el siglo XII. Hoy queda en pie lo que resta de civilización islámica en España. Incluso menos.

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Durante los años de elecciones, a los políticos les entra una ansiosa y repentina prisa por inaugurar cosas. En la tan surrealista tierra de Andalucía, hasta hace poco en el ojo del huracán, este fenómeno se multiplicó por infinito. El problema, sobre todo en la comarca de Linares, es que ese verbo no significa absolutamente nada.

De tal forma que si bien no ha mucho la prensa anunció la construcción y apertura de una nueva carretera que llevaba hasta un área de servicios y actividades, con el aliciente turístico de un embarcadero abierto al público, ese día ambos seguían por completo inoperativos. Ojalá hubiera sido al revés, quedando pendiente la foto oficial y no su puesta en funcionamiento. En fin, cosas de nuestra tierra.

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El paseo, al menos, sí que fue agradable. En aquel páramo el asfalto negro irradiaba calor. No había viento, tampoco demasiadas nubes. El sol estaba presente y votando, como no podía ser de otra forma un Sábado Santo a las cinco de la tarde. Olía a hierba en los primeros y últimos tramos, a estiércol y animales en los intermedios. Señal inequívoca de que no estábamos solos en aquellos parajes. Los olivos se disputaban su hegemonía con encinas salvajes. Por estos lares la cohabitación aún es posible. Ya podrían aprender ciertos parlamentarios de los árboles, aunque solo sea a comportarse delante de las cámaras.

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– Nuestro gozo en un pozo. Bueno, en un embalse, pa’ ser exactos- comentaban otros transeúntes mientras se daban la vuelta. Aquella tarde varias decenas de individuos fuimos víctimas de la propaganda electoral. Así, cualquiera gana unas elecciones.

Aunque en realidad, poco me importó aquel engaño. El campo  trasmite un sosiego y una paz ausente en las ciudades. Tal vez se deba a que en la naturaleza, es el sol, y no el reloj, quien gestiona el transcurso del tiempo. Por experiencia, sé que da más rabia perder el metro o el bus a primera hora de la mañana que perderse toda una tarde en cualquier entorno rodeado de árboles. Además, hacía buen tiempo y estaba de vacaciones, recién llegado del norte. ¿Qué más podía pedir?

Espero que cuando vuelva a Linares, supongo que en época estival, esté inaugurado “de verdad” el embarcadero. El proyecto tiene buena pinta y será un éxito. Siempre que el tiempo, y sobre todo el civismo de la gente, acompañen.

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PD: Aquel día también disfruté haciendo  fotos.  Creo que varias me salieron bien. Juzguen ustedes.

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