Pequeños relatos, profundas reflexiones

Es difícil hablar de Literatura. La palabra escrita constituye un universo en sí mismo, en el que los distintos géneros, autores y editoriales hacen de constelaciones, planetas y demás astros. La opinión de un lector equivale, por tanto, a la imagen una célula en medio del cosmos.

Quizás por eso, por esa sensación real de pequeñez con respecto a la inmensidad del mundo, tardé muy poco en caer rendido al poder de los libros. También por su dimensión trascendente, crítica y redentora a la vez, que tan bien encarnaron los autores rusos de finales del XIX y principios del XX, así como todos los padres de la Ciencia Ficción.

Imaginad mi sorpresa cuando por mera casualidad, en la librería donde suelo encargar los manuales y la bibliografía académica, me topé con Pioneros de la Ciencia Ficción Rusa.  El destino me acababa de guiñar un ojo, anunciando una suerte de tregua, tal vez en señal de disculpa.

foto via casadellibro.com

La editorial Alba, a través de la colección Rara Avis, ha reunido seis relatos tan diversos como el perfil de los cinco autores seleccionados. Encomiable labor también la de Alberto Pérez Vivas, responsable de traducirlos al español desde una lengua tan rica en matices y dada a la introspección como es el ruso.

El libro comienza con Entre la vida y la muerte, que recoge las reflexiones de un cadáver con intacta consciencia, capaz de ver lo que acontece alrededor. Su tono crítico y desengañado contrasta con lo que dio de  sí la vida del autor, Aleksei. N Apujtin, un díscolo vividor que no se privaba de ninguno de los placeres que encontraba a su paso. ¿Constituye esta historia una muestra de arrepentimiento? No podremos jamás saberlo, aunque como bien decía el escritor Miguel Delibes, “nos guste o no, en el anverso de la fotografía está inevitablemente el retrato del fotógrafo”.

Bien distinta fue la trayectoria de Porfiri P. Infántiev, un periodista con botas, a imagen y semejanza de Chaves Nogales o del contemporáneo Ander Izagirre. Al final, la necesidad de movimiento le hizo volar mediante la Imaginación hasta el planeta rojo, cuya sociedad y habitantes son descritas en el relato Tratado de los habitantes de Marte. Resulta asombroso cómo el autor pudo anticipar la visión a distancia o la comunicación interplanetaria, y uno no puede sino sonreír al leer las ácidas críticas implícitas hacia el sistema educativo, la forma de vida o el reparto de la riqueza propios de los “humanos”, cuyo estancamiento resulta, por otro lado, desesperanzador.

Valeri N. Briusov es sin duda el más literato de los cinco. Su paso por la universidad le valió para absorber múltiples conocimientos de muy diversas materias, los cuales aplicó en cada uno de sus libros. En este volumen se incluyen dos de sus obras La montaña de la estrella, el relato de un explorador ruso que encontró una misteriosa civilización en el corazón de África,  y La república de la Cruz del Sur, crónica en la que anticipa el auge y la caída de la dictadura del proletariado, así como una letal plaga de zombis antes de que se pusieran tan de moda gracias al cine de serie Z.

Tras la lectura de ambos uno tiene la sensación de que el 80% del contenido de las superproducciones y series fantásticas se ha basado en estos relatos. No sé si el cine actual, cargado de efectos especiales, ha jugado a nuestro favor al ofrecernos una imagen de todo lo que leemos, o si por el contrario nos ha adiestrado la imaginación, limitándola en exclusiva a lo que ya hemos visto. El caso es que a pesar de contar con un siglo de antigüedad las dos historias han envejecido bien.

El misterio de las paredes, de Seguéi R. Mintslov es el último relato de esta selección literaria. Su autor fue el típico científico-arqueólogo inquieto, a imagen de Indiana Jones, incapaz de concentrar toda su atención en una sola cosa pero dueño de una curiosidad insaciable. En este cuento, pionero de la Ciencia-Ficción al mostrar artilugios impensables a principios del siglo XX, Mintslov crea una historia a partir de un personajes con sus mismas aficiones: coleccionar objetos extraños y visitar edificios en ruinas. No es casualidad que en muchas culturas y tribus se piense que los hogares y las casas tienen su propio espíritu… y no digo nada más.

Necesitamos la ficción, así como las buenas historias. No creo que el ansia por evadirse del mundo se evapore nunca del todo, mucho menos cuando se en el ambiente se palpa la necesidad de cambiarlo. Pero el cambio no aporta nada si no esconde algo sólido detrás. Y para eso sirve la Literatura, también la de Ciencia-Ficción y la novela rusa: para aportar la materia dura e invisible que conforma parte de nuestro mundo, y que solo podemos conocer gracias a la la palabra escrita.

Si estáis de acuerdo, este libro es para vosotros. Disfrutadlo.

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