Ingredientes para un sabroso escrito

Existen tantos manuales de escritura y redacción como teorías conspiratorias. En ambos casos suele estar detrás un iluminado que, recopilando de aquí y de allá, tan solo busca su minuto de gloria haciendo ruido y vendiendo humo (o viceversa). Pero si algo confirma tal regla son excepciones como La Cocina de la Escritura (Editorial Anagrama) en la que Daniel Cassany nos adentra en el Universo de la Palabra Escrita a través de diversas metáforas culinarias.


A continuación voy a sintetizar algunos consejos, reglas, truquillos y actitudes presentes a lo largo del libro. En cualquier caso, siempre será mejor leerlo que fiarse de las sesgadas impresiones de un lector cualquiera. Ahí van:

  • La escritura es ante todo, una técnica comunicativa necesaria y accesible a cualquiera. Tenlo siempre presente, y no la descuides ni la delegues en aquellas personas supuestamente dotadas.
  •  Escribir, hablar y pensar son acciones complementarias. Cualquier mejora en alguna repercutirá en las tres (no busques relaciones de proporcionalidad inversas).
  •  Herramientas (más o menos) necesarias: cuaderno para diario personal, agenda o libreta para tomar notas, casete o grabadora (para esos pensamientos repentinos y huidizos), manuales de ortografía y gramática, diccionarios.
  •  Ten siempre presente la cuestión de por qué escribir. Cualquier respuesta sincera será buena.
  •  Haz un esquema o árbol con las ideas principales antes de empezar a redactar.
  •  Una idea principal por párrafo. Intenta que sean de una extensión parecida. Evita párrafos de una sola frase (excepción: poesía y escritura creativa).
  •  Elimina la verborrea inútil: no utilices tres palabras si puedes decirlo en dos, ni dos cuando necesites una sola. (p.ej “Su color pasó del habitual a uno más rojizo”…¿no quedaría mejor “Enrojeció”?)
  •  Estilo verbal antes que nominal ( subir, bajar, estabilizar…antes que una subida, una bajada o la estabilización)
  •  Los gerundios y los adverbios acabados en –mente, cuantos menos, mejor.
  •  Frases afirmativas antes que negativas, y voz activa antes que pasiva. Y de no más de 30 palabras.
  •  Limita los incisos, y que en ningún caso separen palabras relacionadas.
  •  La información relevante al principio (aunque siempre debes guardar una bala en la recámara).
  •  Deja actuar a los actores (sujeto y objeto). Lo demás es secundario.
  •  Integra la revisión como una parte más del proceso creativo. Cambia el chip: no revisas porque tu texto está mal escrito, sino justamente lo contrario: revisas porque escribes bien (o aspiras a ello).
  •  Deja la gramática y la ortografía para el final.
  •  Deja reposar el texto. Al cabo de un rato, vuélvelo a leer y analízalo como si no fuera tuyo.

¿Ganas de ponerse a escribir? Eso espero. Recuerda que escribir bien solo depende de ti. Y para completar la lista, no se me ocurre nada mejor que el consejo que Luis Aragonés daba a los jugadores de La Roja durante la Eurocopa de 2008 antes de cada partido: divertíos.

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