Postales nevadas desde Pamplona

A quienes hemos crecido al amparo del sol  la nieve nos provoca una extraña fascinación. Al Igual que cuando nos topamos de cerca con una de esas personas que conocemos gracias a la televisión o el cine, tras observar la nieve nuestro primer impulso será preguntarnos si la vista nos está engañando, para acto seguido ejercitar nuestro sentido del acto, cual incrédulo apóstol Tomás ante el Maestro resucitado.

No seas ingenuo-replican los lugareños- Esta hija de p*t* de color blanco provoca accidentes, sepulta mendigos, corta las carreteras, te regala un resfriado de mil pares de c*j*n*s y vuelve imposible hasta el andar por la acera- rematan, desde su experiencia. Y no les falta razón.

Pero hoy en día, el asombro no deja de ser una virtud. Por eso mismo, hace ya dos semanas, me calcé unas botas de montaña  tras equiparme con el tridente mágico-bufanda, guantes y abrigo- y armado con una cámara fotográfica-más económica que la sola funda de una Reflex, para que os hagáis una idea- pateé las calles de Pamplona para inmortalizar el paisaje urbano que la nieve nos había regalado. Aquí comparto algunas instantáneas de aquellos días:

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Siempre he dicho que cada ciudad tiene dos caras: una durante el día, la otra, al caer la noche. A veces son diametralmente opuestas. A esa clasificación habría que añadir, en aquellas urbes privilegiadas, la categoría “bajo la nieve”, que nos regala un espectáculo muy efímero de luces, colores, escenas y paisajes a los que no estamos acostumbrados y que tardaremos bastante en volver a ver una vez se hayan difuminado.

Todo tiene un precio. El de haber visto nevar es soportar el deshielo, mucho más lento, despiadado e ingrato, igual de peligroso y sin ese halo de magia. El deshielo es para la nieve lo que son los síntomas y la posterior convalecencia dentro del proceso gripal. Un intercambio desigual que parece eterno conforme avanza. Mas nunca lo es.

Conviene ver las cosas con perspectiva. El causante del deshielo no es otro que el sol, el cual nos hace disfrutar de la vida, pintar los mejores cuadros, ambientar las mejores novelas y bajo el que planificamos, cargados de ilusión, nuestras vacaciones estivales. Y, quienes hemos crecido en zonas más meridionales, le brindamos una cálida bienvenida y deseamos, sobre todo, que se asiente cuanto antes.

 

Esperemos que pronto brille el sol. Feliz semana a todos.

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