Quienes seguimos siendo Charlie

La mañana del 7 de enero de 2015, en uno de los innumerables extrarradios parisinos, la Barbarie volvió a vencer a la Civilización. Una vez más, lo hizo de manera inesperada y cruel. Y como de costumbre, la conmoción inicial dio paso al duelo, ambos desarrollándose a la par de un incesante ruido mediático, como no podía ser de otra forma en estos tiempos de tweets, smartphones y pantallazos instantáneos.

Se ha dicho -y escrito- tanto sobre los atentados de Charlie Hebdo que no me veo capaz de aportar nada nuevo. No obstante, creo que no debemos pasar por alto el cómo fueron las reacciones en los medios de comunicación y redes sociales. El hangstag de moda #JeSuisCharlie tuvo que competir con la contra-vanguardia #JeNeSuisPasCharlie, que manifestó  que la libertad de expresión, esa que todos reivindicamos cuando tenemos algo que decir, no es universal, ni mucho menos unívoca. Es decir, ni todos la entendemos igual ni la aplicamos de la misma forma, siempre, cómo no, en detrimento del otro.

Confieso que mi intención inicial era escribir una entrada criticando a aquellos que rehusaban identificarse con la publicación satírica. He coincidido con unos cuantos en mi entorno más próximo,  ninguno de ellos musulmán (importante matiz). En tal caso hubiera caído en los 2 errores más típicos de las discusiones contemporáneas, a saber, negar en el otro lo que para mí reivindico y silenciar a los discrepantes a favor de un principio universal.  En nombre de la Libertad de Expresión quería demonizar a aquellos que a mi entender, la quieren acotar. Estuve a punto. En vez de eso, he optado por explicar porque yo-y seguramente otros tantos, fuimos, somos y seremos Charlie, aunque no hayamos leído en la vida el magazine (traduzco, por qué #NousSommesTojoursCharlie o #NousSommesEncoreCharlie, para quienes vean la vida en menos de 140 caracteres).

Quienes seguimos siendo Charlie Hebdo  defendemos el derecho a ofender, a faltar el respeto, a mofarse de todos y de todo. Han leído bien. A nadie le gusta ser objeto de burlas, menos si son de mal gusto, malintencionadas o las dos cosas a la vez. Pero alguien muy querido me dijo, cuando apenas sabía leer ni escribir, que no había mejor desprecio que no hacer aprecio. Aplicando esa sencilla norma, desde el uso de nuestra libertad, basta con no comprar la revista, cambiar de canal o apagar la tele o la radio si no nos gusta su contenido. Y si alguien se sintiera dañado, ofendido u limitado de una u otra forma, siempre tendrá la vía legal para arreglar el asunto, que seguramente le acabará  remitiendo a la sencilla premisa que me dijeron tiempo atrás.

Quienes seguimos siendo Charlie Hebdo defendemos no solo el derecho al error, sino además a expresarlo en voz alta. En Derecho Romano se dice que más vale un culpable en la calle que un inocente en la cárcel. Con la palabra sucede lo mismo; más vale decir una mentira o falacia -que con el uso de nuestra inteligencia podremos destapar- que ocultar una verdad en nombre de la Prudencia, que no es otra cosa que un seudónimo del Miedo. Y no olvidemos que la responsabilidad social de una revista satírica es, cuanto menos, testimonial.

Quienes seguimos siendo Charlie Hebdo defendemos el derecho al mal gusto, al ruido, a la improductividad. A que exista la pornografía, la prensa rosa y amarilla, las revistas satíricas o las especializadas en cualquier chorrada de ínfimo interés que no hacen nada por la humanidad ni te ayudan a ser mejor persona. Si piensas como yo, critícalas y no las consumas. Pero no trasciendas esa línea. Vamos a darle la vuelta: ¿alguien se imagina que la audiencia de Telecinco pidiera el cierre de La 2?, ¿o que retiraran de la programación los espacios televisivos de divulgación científica y cultural? Ridículo.

Quienes seguimos siendo Charlie defendemos el derecho tanto a tener creencias, principios y valores, como a no tenerlos, (por muy vacía que nos resulte tal postura) así como a poder manifestarlos todos (o la ausencia de éstos) mas sin imponer nada a nadie. Llegué a escuchar que quienes nos solidarizábamos con Charlie se debía a que no teníamos fe ni creencia alguna. Se equivocan, al menos conmigo. Pero creo que universalizar una verdad subjetiva, o intentar protegerla a toda costa puede derivar en una tiranía en la que se impondrán ciertas voluntades sobre las demás. Una ortodoxia, normalmente defendida por guardianes, que cuanto más rígida es más difiere de la ortopraxia (es decir, del comportamiento que predican). Y personalmente, aunque estudie Historia (o tal vez por ello) no tengo niguna gana de viajar en el tiempo.

Quienes seguimos siendo Charlie Hebdo pensamos que todo tiene un límite, también la Libertad de Expresión. Y que como bien decía Aristóteles,  en el equilibrio se haya la virtud. Pero nos da vértigo definir tanto el uno como el otro. Y nos produce rechazo cuando otros lo hacen por nosotros.  Pensamos que, para saber hasta dónde se puede llegar y qué se puede decir y qué no, no hay mejores maestros que la Experiencia y el Error. Y como bien tituló su libro un periodista a imitar, más vale pedir perdón que pedir permiso.

Hablando seria y literalmente, es evidente que ninguno de nosotros hemos sido Charlie Hebdo alguna vez. Al auténtico Charlie se lo llevaron por delante las balas aquella mañana del 7 de Enero de 2015. Mas quienes seguimos siendo Charlie Hebdo, pensamos tal tragedia  nunca debió de haberse producido. Que nunca un dibujo, una foto, o un texto, diga lo que diga, muestre lo que muestre o se dirija a quien se dirija, será razón para quitar la vida a nadie.  Por eso mismo, esa equidistancia omnisciente de quienes decían no ser Charlie pero también rehusaban identificarse con EI o Al-Qaeda nos resulta en exceso desproporcionada (y en cierto modo, siniestra).

Ya vale de ser siempre políticamente correcto. De pensar de una manera y actuar de otra. De callar por miedo al qué dirán. Si nuestra civilización se desmorona, se deberá en parte a esas tres actitudes tan generalizadas entre la gente joven y adulta. En lo que a mí respecta, habrá quienes me acusen de simplista, de demagogo o de falta de originalidad por este artículo. Y los que siempre miran al dedo en lugar de al objeto al que apunta, seguramente me pongan a parir por mi estilo, mi escaso vocabulario y mis fallos en gramática. Lo tendré que asumir, por muy molesto, desproporcionado, estúpido o falaz que me resulte. Es lo que tiene seguir siendo Charlie Hebdo.

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3 comentarios sobre “Quienes seguimos siendo Charlie

  1. Comparto y me gusta tu artículo. Como dices ” tal tragedia nunca debió de haberse producido. Que nunca un dibujo, una foto, o un texto, diga lo que diga, muestre lo que muestre o se dirija a quien se dirija, nunca será razón para quitar la vida a nadie.”

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