El Principito, pequeña gran obra

“Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo un motivo importante para ello: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otro motivo, además: esta persona mayor puede entenderlo todo, hasta los libros para niños. Tengo aún un tercer motivo: esta persona mayor vive en Francia, donde padece hambre y frío. Tiene mucha necesidad de ser consolado. Si todos estos motivos no son suficientes, quiero, entonces, dedicar este libro al niño que una vez fue esa persona mayor. Todas las personas mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan).”

( Dedicatoria de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry)

El 30 de diciembre de 1935, el piloto convertido en escritor (o mejor dicho, el escritor de oficio piloto) Antoine de Saint-Exupéry y su navegador André Prevot realizaron un aterrizaje de emergencia en el desierto del Sáhara. Llevaban 20 horas de viaje y se dirigían a Saigon (Vietnam), un exótico destino elegido gracias a una apuesta que casi les cuesta la vida.

Ambos sufrieron los estragos de la deshidratación, no tenían idea de dónde se encontraban y tan solo contaban con uvas, dos naranjas y una pequeña ración de vino como alimento. Tras cuatro días de marcha a ninguna parte, moribundos y famélicos, fueron rescatados por un beduino en camello. Uno de tantos héroes anónimos. Si bien la dramática aventura no les dejó secuelas físicas, la literatura de St. Exuspéry se impregnó de aquella vivencia, recogida en  el relato Tierra de hombres  y en la obra que lo inmortalizó, El principito. 

Cuando hablamos de clásicos de la Literatura Universal seguramente se nos vienen a la cabeza características como una extensión considerable, lenguaje barroco, varios personajes, escenarios y tramas muy complejos que se entrecruzan continuamente y la ausencia de ilustracionesDe ahí el mérito de El Principito, una obra que oponiéndose radicalmente a tales características ha conseguido burlar el paso del tiempo.

Hay muchas y muy diversas maneras de abordar este librito. Por ejemplo, como un alegato en favor de la infancia y de la inocencia perdidas,  al destilar en cada línea una leve pero intensa nostalgia ante a un mundo que se nos va, si no se ha esfumado ya del todo. O como una crítica a lo establecido, a la existencia gris de quienes manejan el mundo y se erigen referentes, imponiendo para ello su falta de valores, sus absurdas contradicciones y sus estúpidos convencionalismos.

El Principito es también una colección de sentencias filosóficas, sólidas pero no unívocas. Así, “lo esencial es invisible a los ojos”, “caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos” o “qué misterioso es el país de las lágrimas” suponen acertijos que la vida, tarde o temprano, de una u otra forma, se encarga de desvelarnos. Posiblemente, el autor no hiciera sino retratarse a sí mismo en su entorno, vicio de todo escritor.

Tres veces he tenido la suerte de leer este libro. Durante la primera disfruté como el enano que era gracias sus dibujos, a la sencillez de la historia y a los ataques despiadados (y bien merecidos) hacia la idiosincrasia de los adultos, el enemigo de entonces. Unos diez años más tarde fue la manera en la que estaba escrito, con ciertos diálogos y frases que nunca conseguí olvidar, lo que acabó atrapándome.

Hace unas semanas pude releer esta joya en la versión original francesa, y aparte de los giros lingüísticos y su vocabulario, fueron los aspectos no escritosdesde la psicología de los personajes hasta el sentido de cada símil y metáfora, lo que más captó mi atención. Estoy convencido de que, cuando por la razón que sea vuelva a sumergirme entre sus páginas, me dejaré cautivar por cualidades bien diferentes y que todavía paso por alto. Como sucede en todas las obras literarias y artísticas que merecen la pena, esas que transcienden tanto del autor como de su público.

Y si todavía no he conseguido despertaros la curiosidad de conocer al Principito por primera o enésima vez, os dejo con una canción que le dedicaron los italianos I Ratti della Sabina al personaje nacido del genio de Saint -Exuspéry.

Feliz escucha y mejor lectura a todos.

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