Excesos (y defectos) del periodo de exámenes

¡Exámenes! Todo el que haya sido estudiante sentirá nostalgia al escuchar la palabra mágica, la misma que no ha mucho tiempo le producía ansiedad, malestar o incluso ira. Quienes pertenecemos  todavía a la clase/casta estudiantil estamos lejos de tales romanticismos. Dios nos libre.

Creo que me estoy haciendo viejo. Ya no me agobio (tanto) durante el periodo de exámenes, y si consumo ingentes cantidades de café y redbull es más por mantener una de esas costumbres tan poco sanas dan sentido a nuestra rutinaria existencia. Muy lejos quedan las maratones a contrarreloj con el fantasma de la Selectividad persiguiéndonos, o esos primeros años de carrera cuando necesitabas una certeza casi diaria que te confirmara que estabas en el lugar y en la clase correctos. Será que he llegado a 4º curso limpio y tengo pie y medio fuera de la uni (mierda, ¿sabéis ese vértigo que te encoge el estómago? maldita sea mi última frase).

El periodo de exámenes es el más rutinario y a la vez el más particular de todo el año académico. Te permite hacer lo que se supone que tienes que hacer durante el resto del curso, (y que gracias a Bolonia se ha vuelto técnicamente imposible)  que no es otra cosa que estudiar. Chapar, empollar, como queráis decirlo,  pero más bien a lo Charles Chaplin en El Gran Dictador en la escena de la cadena de montaje que como los pupilos de Robbie Williams en El club de los poetas muertos. ¡Muera la intelingencia! proclama un sistema educativo rancio y caduco, tal como lo hiciera aquel militar golpista frente a Unamuno. Durante exámenes no puedes casi leer por tu cuenta ni asistir a eventos culturales o formativos porque hay que estudiar. Qué curiosa, cuanto menos, resulta tal analogía.

Pero no todo son desventajas. Lo mejor de estar de exámenes es tener una coartada que justifica casi todo. Si no vas a clase es por lo tantísimo que tienes que estudiar, no hay espacio para los remordimientos aunque te quedes en la cama un poco más. También puedes descuidar un poco tu aspecto(ya no recuerdo cuando me afeité por última vez)  o flexibilizar tus horarios, obligaciones y compromisos por el solo hecho de “estar e exámenes”(¡qué no nos da la vida pa to c*ñ*!) Dormir de día y trabajar de noche deja de ser excepcional. Por no hablar de la cantidad de veces que ordenamos la habitación (dónde no estudiamos) sacamos punta a los lapices (qué no usamos) o imprimimos hojas (qué no vamos a leer en la vida) a lo largo de estos días. Seamos sinceros, por muy mal que vayamos de tiempo acabaremos haciéndolo.  El mundo cambia su lógica interna durante el periodo de exámenes, al igual que la economía en las épocas de guerra.

Al fin y al cabo, los estudiantes no somos más que soldados en nuestra batalla particular: cumplimos órdenes bajo una premisa variable creyendo hacer lo correcto para la  sociedad, pasamos de cuestionar lo establecido (recordemos: pensar más de la cuenta nunca trajo nada bueno) y una vez cumplimos nuestro deber, intentamos olvidarlo todo. Esta guerra al menos no deja viudas ni huérfanos ni trae de vuelta tullidos, tan solo jóvenes más aborregados con imperiosas necesidades de desconexión y fiesta loca tras varias semanas de encerrona casi monacal. Recordad hermanos, que tras toda guerra hay gente que se lucra (ay, cuánto aprecio debe despertar la comunidad educativa entre los dueños de discotecas y demás locales de ocio…¡comparten una clientela bien manejable!) .

Siempre fui un estudiante atípico. To’raro que dirían en mi tierra. De esos que disfrutan con ciertas asignaturas sacrificando las horas de sueño que hagan falta, pero también de los que pierden la fe en la condición humana cuando el contenido, el profesor, el método de una asignatura (o en el peor de los casos, las 3 variables a la vez) no son de mi agrado. Podría ser peor. Bueno no, en tal caso ya me habría largado lejos de aquí (a los colegas a los que no os gusta nada de la carrera: no sé como aguantáis sin pegaros un tiro). Este año por suerte, todas las feas con las que me va a tocar bailar tienen su gracia. A veces me quedo con ganas de saber más tras leer mis apuntes y me voy al Youtube o a la Wikipedia. Creo que me estoy haciendo viejo.

PD: Mucha suerte a los que como yo, se hallan inmersos- o pronto lo estarán- en el periodo de exámenes. ¡Claro que podemos! como diría aquél.

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2 comentarios sobre “Excesos (y defectos) del periodo de exámenes

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