Fragmentos de Ébano

“En la calle, a menudo, vemos a dos (o más) personas desternillándose de risa. Ello no significa que se estén costando chistes. Sencillamente se saludan. Y cuando la risa se desvanece, eso quiere decir que el acto de saludarse ha concluido y que ahora toca pasar al meollo de la conversación o que, pura y simplemente, los contertulios han parado durante un rato para dejar descansar a sus descansadas entrañas”.

“Y es que nuestro mundo, aparentemente global, a la hora de la verdad no es sino un conglomerado de cientos de miles de provincias de lo más diverso que no tienen ningún punto de encuentro. El viaje por el mundo es un peregrinar de una provincia, y cada una de ellas es una estrella solitaria que brilla sólo para sí misma. Para la mayoría de la gente que vive allí, el mundo real se acaba en el umbral de su casa, en el límite de su aldea o, todo lo más, en la frontera de su valle. El mundo situado más allá no es real ni importante, ni tan siquiera necesario, mientras que el que se tiene a mano, el que se abarca con la vista, aumenta ante nuestros ojos hasta alcanzar un tamaño de un cosmos tan inmenso que nos impide ver todo lo demás”.

“Quien tiene armas tiene comida. Quien tiene comida tiene poder. Nos movemos entre personas que no piensan en la esencia y la trascendencia ni en el sentido de la naturaleza del ser. Estamos en un mundo en el que el hombre, arrastrándose y escarbando en el barro, intenta encontrar en él cuatro granos de cereal que le permitan vivir hasta el día siguiente”.

“¿Por qué quería encontrar a su hermano? ¿Por qué? No comprendía la pregunta. Por una causa obvia, evidente por sí misma, que no necesitaba explicaciones. Se encogió de hombros. A lo mejor lo invadió un sentimiento de lástima por el hombre al que acababa de conocer y el cual, aunque bien vestido, era más pobre que él, porque le faltaba algo importante y preciado”.

“Oigo a hablar a gente cuyos rostros, fuertes y brillantes, como esculpidos en ébano, se funden en la inmóvil oscuridad. No entiendo mucho de lo que dicen, pero sus voces suenan serias y solemnes. Al hablar se sienten responsables de la historia de su pueblo. Tienen que preservarla y desarrollarla. Nadie puede decir “leedla en los libros” pues nadie los ha escrito, no existen. Tampoco existe la Historia más allá de la que sepan contar aquí y ahora.  Nunca nacerá esa que en Europa llaman científica y objetiva, porque la africana no conoce documentos ni censos, y cada generación, tras escuchar la versión correspondiente que le ha sido transmitida, la cambia, altera, modifica y embellece. Pero por eso mismo, libre de lastres, del rigor de los datos y las fechas, la Historia alcanza aquí su encarnación más pura y cristalina: la del mito”.

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Ryszard Kapuściński (1932-2007) fue un periodista polaco, para muchos “el mejor reportero de todos los tiempos”. Escribió diversos reportajes, crónicas y relatos sobre sus viajes alrededor del mundo y de los acontecimientos  que presenciaba. Ébano es una de sus obras más conocidas. Publicada en español por la editorial Anagrama, recopila historias-e Historia- sobre África y sus habitantes. 

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